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lunes, 19 de mayo de 2014

Las sierras del Hacho de Pizarra y Álora.

Uno de los pasiajes más curiosos de toda la provincia de Málaga lo componen las sierras de los Hacho de Pizarra y Álora, constituidas por paredes casi verticales y laderas de pronunciadas pendientes, en las que son frecuentes los derrumbes y los grandes bloques desprendidos, que conforman un paisaje muy interesante.


El Hacho de Pizarra. Sobre las arcillas claras se realiza una reforestación de pino carrasco, que no es autóctono, pero que cumple el objetivo de retener suelo y frenar las avenidas de lodo. Más altas aparecen las areniscas oscuras, más modernas.

Estos montes, con forma de meseta, están constituidos por areniscas y conglomerados y se depositaron durante todo el mioceno (aproximadamente comenzó hace 23 millones de años y terminó hace 5 millones de años). Materiales similares, además de en los Hacho, aparecen en la Sierra Llana de Cártama, entre los municipios de Cártama y Alhaurín de la Torre, entre las barriadas de Doña Ana y La Fuensanta, además de en las inmediaciones del embalse Conde del Guadalhorce, entre los municipios de Ardales y Teba, aunque ya aquí la naturaleza de los depósitos es diferente, se torna más clara y algo más margosa, y se extienden hasta rodear la cara norte de la Serranía de Ronda (Cañete La Real) y ya en Cádiz Setenil y Alcalá del Valle, por poner ejemplos, aunque como os digo, ya aquí la naturaleza de los materiales es diferente aunque sean similares en cuanto a edad y los procesos que les dieron lugar.

Álora, rodeada en las zonas bajas de arcillas, dedicadas al cultivo de secano se sitúa al pie de su propio Hacho, también de paredes casi verticales.

En la zona del Guadalhorce (hasta Ardales) estos materiales del mioceno son de influencia maláguide y en menor medida alpujárride. Mayoritariamente estos complejos están constituidos por materiales oscuros, ricos en biotina, esquistosos, con granates, andalucita, y frecuentemente calcáreos.

Detalle de una pared casi vertical de areniscas.

Detalle de una pared vertical de Conglomerados, en los que llegan a aparecer grandes bloques (piedemonte fosilizado) Estas rocas son en su inmensa mayoría maláguides.

Aunque la historia geológica de la zona es muy compleja, puede resumirse de la siguiente manera. Cuando se origina la orogenia alpina, a finales del cretácico, hace 65 millones de años, durante el paloógeno, los materialkes maláguides y alpujárrides formaban parte de la placa de Alborán, que colisionó con la placa Ibérica, de manera que estos materiales originalmente sedimentarios, sufrieron fuertes procesos de deformación y metamorfismo, especialmente los alpujárrides, que los hicieron aflorar de las aguas marinas, constituyendo una zona de islas. En los fondos marinos profundos, durante el eoceno y oligoceno se depositan materiales turbidíticos, los conocidos como Flysch del campo de Gibraltar o unidades Tecto-Sedimentarias, que se componen de materiales arcillosos y arenosos, que forman capas que se suceden (estos son los materiales que se encuentran en amplias zonas del valle del Guadalhorce, en Coín, Pizarra, Álora, Cártama, Casarabonela…) que son de naturaleza clara, amarillenta. Estos materiales reciben los depósitos de otros más oscuros, más modernos, que los entierran. Estos materiales son los que conforman las paredes de los Hacho, las areniscas, molasas y conglomerados bioclásticos del mioceno. Posteriormente, los reajustes hidrostáticos y las presiones que siguen hoy día elevando la Sierra de las Nieves, reactivaron los relieves de los materiales maláguides y alpujárrides, y  producen la elevación de todo el complejo, que da lugar la emersión de estos materiales hasta unas alturas de más de 400 metros que ocupan hoy.





Los materiales oscuros se depositaron en un mar con clima seco, desértico o semi desértico, posiblemente parecido al actual, pero con episodios más secos.

Sin ninguna duda estos materiales tuvieron una extensión mucho mayor en el pasado, pero la erosión los ha recluido a las zonas indicadas. Además, como curiosidad, añadir que las areniscas que forman estos montículos elevados, se componen de unos granos que si se descementan (si se disgregasen), son idénticos a los que hoy día aparecen en las playas malagueñas.

El mucicipio de pizarra se sitúa sobre las arcillas del aljibe, al pie de las molasas y areniscas del mioceno.

Estas areniscas y conglomerados dan lugar a suelos muy porosos y secos, pero que con el paso del tiempo tienen buen rendimiento en arcillas y sobre ellos debería desarrollarse un bosque de encinas (abundan los materiales calcáreos y los suelos son básicos) acompañadas de coscojas, algarrobos, acebuches, palmitos, lentisco, durillo, jaras, retamas y aromáticas.
Sobre los materiales más claros que les sirven de base, las arcillas y areniscas del Aljibe, debería desarrollarse un espeso acebuchal. Sobre estos materiales pueden llegar a aparecen vertisoles, que son unos suelos aptos para los acebuches y retamas. El acebuchal actualmente se encuentra “domesticado” y adehesado en olivar.




Como última curiosidad destacar la gran abundancia de fósiles que presentan las areniscas oscuras del Hacho, especialmente ricas en pectínidos (moluscos de aspecto similar a los berberechos y conchas finas).

lunes, 5 de mayo de 2014

Senderismo en El Torcal: Cómo se formó el Torcal.

El Torcal es una formación kárstica enmarcada dentro del cinturón penibético que forma un arco que encajona al río Guadalhorce al norte y al oeste. Ocupa una zona importante de la Serranía de Ronda, [entre la Sierra de las Nieves (o Sierra de Tolox), Sierra del Pinar (y Sierra Cabrilla), y Ronda], siendo la formación más destacada del penibético Sierra Blanquilla. También forma las Sierras de Teba y de Abdalajis. [Penibético hace referencia a una formación geológica, no a las Sierras Penibéticas]

El Torcal forma un altiplano, una especie de meseta escalonada, que ha sufrido importantes procesos erosivos y hundimientos, que han configurado el actual paisaje de crestas y dolinas hundidas, así como cavidades colapsadas y derrumbes, que crean los pasadizos entre valles.

Se distinguen 4 zonas en el Torcal:

1.       Sierra Pelada, al Este del Paraje, consistente en una extensa área de lapiaz y frecuentes dolinas. Su cota máxima es de 1.198m. 

2.       Torcal Alto, al Suroeste, encierra la mejor zona de relieve kárstico del macizo. Una gran cresta rocosa, Las Vilaneras, la separa del Torcal Bajo, situándose en ella el punto de máxima altura del Paraje: el Camorro de las Siete Mesas (1.336 m). 

3.       Torcal Bajo, situado entre las dos anteriores, es similar al Torcal Alto aunque menos espectacular. Dominan las grandes uvalas y dolinas, así como amplios corredores no tan angostos como en el Torcal Alto. 

4.       Tajos y laderas, delimitan casi perimetralmente el Paraje, siendo más espectaculares en la cara Sur; su grandeza y variaciones geomorfológicas les confieren un carácter sobrecogedor. Se depositan brechas cuaternarias que sufren también procesos kársticos y aparecen dolinas.

La formación de este paraje se enmarca dentro de la orogenia alpina. En el Torcal aparecen materiales del Penibético, una de las zonas externas de la Cordillera Bética. La elevación de los materiales penibéticos, originalmente marinos, al igual que el resto de las zonas externas de la cordillera Bética (Subbético y Prebético), comienza en el terciario, hace 25 millones de años, cuando colisionan un trozo desgajado de la placa africana (la placa de Alborán, en concreto el bloque Subsardo) con la placa Ibérica, lo que cierra el antiguo mar de Tetis (que separaba Iberia, que era una isla, del continente africano mesozoico) y origina, además de las elevaciones montañosas, la aparición del Mediterráneo. El bloque subsardo subduce bajo la placa Ibérica por las fuerzas generadas en la dorsal del Rift marroquí.

Los materiales que forman el grueso de El Torcal son de naturaleza calcárea, casi exclusivamente del jurásico. (No se consideran ni los materiales terciarios ni los cuaternarios para simplificar la explicación). Los procesos sedimentarios duran 175 millones de años. Los materiales jurásicos se dividen en:

1.       Calizas oolíticas y nodulosas que se depositan durante todo el jurásico. Afloran en la mayor parte del Torcal Alto. Son muy ricas en fósiles.

2.       Dolomías y calizas oolíticas del Lías y el Dogger. Camorro Alto, Sierra Pelada y en el Torcal en el Camorro de Siete Mesas y el Torcal Bajo.

3.       Calizas nodulosas rojas y blancas, muy características de El Torcal. Se depositan en un corto periodo del Malm (durante el Oxford). Se enmarcan en el Ammonítico Rosso. Afloramientos dispersos entre Sierra Pelada y el Torcal Alto. Materiales recorridos por las rutas de senderismo. Especialmente ricas en fósiles.

4.       Calizas seudonodulosas y calizas oolíticas del Malm. Al SO y en el Torcal Bajo.

En resumen, son rocas propias de medios marinos someros, de fondos poco profundos, en zonas de arrecifes de coral, con un clima cálido, tropical, donde escasean las deposiciones turbidíticas. Los materiales se forman en unas condiciones climáticas y geográficas muy diferentes a las actuales y a las que desarrollan los procesos kársticos.

Las presiones que provocan la elevación de los materiales calcáreos hasta hacerlos emerger de las aguas continúan actuando en la actualidad y parece que han ocurrido episodios recientes de elevación en todo el entorno. Estas fuerzas son las mismas que favorecen el agrietamiento y fracturación (diaclasado) de los materiales  y la aparición de fallas. Las fallas y las diaclasas contactan de forma perpendicular favoreciendo la separación de bloques. Además, es frecuente que los materiales calizos estén tableados, esto es, posean capas de mayor porosidad que otras, así como capas más margosas, de manera que la resistencia a la erosión química y física es diferencial en función de las capas de sedimento. O sea, se suceden capas más duras y más blandas dentro del mismo tipo de roca.

Los materiales adquieren una conformación en forma de champiñón, con los flancos más delgados y el centro más grueso y elevado. Sobre los flancos se favorece la disgregación de los materiales y aparecen paredes abruptas y elevada pendiente (se depositan brechas y piedemonte), mientras que en la zona central, las diaclasas y fallas favorecen la aparición de procesos de meteorización química, originándose el modelado kárstico.

Durante el terciario, cuando los materiales se elevan, el clima en la zona sufre cambios muy importantes. Se vuelve más seco (fascies rojas) y más frío (especialmente durante las glaciaciones cuaternarias), de manera que se crean condiciones favorables para la erosión química de los materiales calcáreos. El agua fría tiene mayor capacidad de disolución de los carbonatos. Además, el hielo ejerce tracción mecánica sobre las rocas, al acumularse entre las grietas, favoreciendo la disgregación.



Los procesos erosivos que dan lugar al Torcal son complejos y seguramente en ellos estén implicados también fenómenos como el viento y la colonización vegetal preferente de zonas de grietas, que podrían explicar la erosión diferenciada que sufren los materiales  dando lugar a esas formas tan características como en “tornillo” o tableadas típicas de la zona. Sin duda alguna, también resulta fundamental para entender el paisaje y las formas que lo caracterizan las características de las calizas, que combinan capas más resistentes con otras más blandas (mayor y menor porosidad y mayor y menor margosidad).



Hay que diferenciar dos procesos erosivos, los que ocurren en la superficie y los que ocurren en zonas subterráneas. En el Torcal hay una gran número de cuevas, galerías y simas, con un enorme interés para la espeleología, así como una compleja red de cámaras rellenas de agua, que generan un importante número de surgencias y nacimientos. El manantial más importante es de La Villa, al norte, cerca de la localidad de Antequera.



viernes, 25 de abril de 2014

Senderismo en Casarabonela: Puerto Martínez-Alcaparaín.

Las localidades de Casarabonela y Carratraca poseen una gran cantidad de senderos, la mayoría no marcados, que discurren a través de pistas forestales y caminos, entre pinos de reforestación, pinares autóctonos sobre rocas ultrabásicas, zonas de encinar y cultivos de secano. En algunas zonas altas y donde la precipitación es más abundante, aparecen quejigos que en alguna ocasión llegan a alcanzar un porte considerable. Sobre los terrenos arcillosos aparecen olivares que provienen de antiguos bosques de acebuches que fueron “domesticados”.

En esta entrada vamos a tratar de conocer una pequeña ruta en la localidad de Casarabonela, cuyo inicio está a pie de la carretera que une Carratraca con la localidad de Ardales.



El camino discurre por un sendero construido con piedras, por zonas parece aprovechar un abancalamiento realizado para las labores de reforestación, que se refuerza con piedras a modo de muro para contener la erosión.
 



Enseguida el camino se adentra en un pinar, que se vuelve más o menos espeso, con pinos en su mayoría jóvenes. El desarrollo del suelo es escaso, más bien litosuelos, quizás regosoles en zonas más resguardadas sobre los que el pinar se desarrolla mejor y aparece alguna encina. Abundan los pinos caídos (estamos en una zona azotada por fuertes vientos gran parte del año). Esta zona canaliza los vientos de poniente y “crea” los terrales en el Guadalhorce. 




Abundan las bulbosas, especialmente los gamones, y hay multitud de orquídeas.

El pinar enseguida comienza a clarearse y el camino se vuelve más duro. Las pendientes se van volviendo a cada paso más pronunciadas.



El sendero da la vuelta al monte Alcaparaín de Este a Oeste, de forma que las vistas son de Casarabonela y Yunquera (caras este y oeste de la sierras del Pinar y Cabrilla), la cara sur de Sierra de las Nieves, con amplias panorámicas de El burgo y el norte del municipio de Yunquera, llegándose a distinguir hasta el pico Torrecilla y el Peñón de Ronda, y la comarca del Guadalteba, donde destacan los embalses del Guadalhorce, y las vistas del municipio de Carratraca.


El Burgo.

Casarabonela.


Después de pasar por una zona con escasa cobertura vegetal, donde aparecen pinos dispersos y enebros, poco a poco se empiezan a hacer presentes las encinas, que crecen achaparradas, muy pegadas al suelo donde castigan más los vientos, y que cerca de las cumbres se aprietan formando un espeso bosque de encinas y coscojas.




La zona de la cumbre, muy castigada por los vientos, tiene una vegetación más bien herbácea, con algún árbol disperso. Donde hay suelo sí aparecen manchas de encinas y pinos.

Las vistas desde la cumbre son espectaculares.

Hito geodésico que marca la cumbre, a casi 1.300 metros. Las vistas son espectaculares y hacen que el esfuerzo haya merecido la pena.

Vistas de los embalses y el municipio de carratraca

Vistas del noroeste de la Serranía de Ronda.

Comarca del Guadalteba.

Sierras Cabrilla y del Pinar y Sierra de las Nieves. Puede verse el Torrecilla. Se hace patente el altiplano que forma la sierra de las Nieves.

El Torrecilla mas de cerca.










domingo, 6 de abril de 2014

El acebuchal, el ecosistema olvidado.

El acebuchal representa un bosque degradado, de encinar, alcornocal o quejigal, sobre zonas cálidas, o un bosque climático sobre terrenos arcillosos (vertisoles) o salobres (ricos en yesos), además, es una comunidad que puede considerarse climática es condiciones limitantes de humedad ambiental (junto con coscojas).

El bosque de acebuches es denso, apretado y rico en matorrales de otras especies, escenario ideal para la lenta recuperación del encinar y el alcornocal, que tanto agradecen crecer sombreados. El acebuche crece acompañado de numerosas especies de matorrales altos (lentisco, mirto, espino negro), de palmitos, algarrobos, encinas, alcornoques, quejigos y coscojas.

El acebuche es un árbol primordialmente termófilo, que huye de las heladas. Puede considerarse que no soporta temperaturas inferiores a 10ºC (aunque sí que soporta heladas esporádicas algo más bajas) y es muy resistente a la sequía y las escasas precipitaciones, condiciones en las que desplaza a la encina y al alcornoque. Posee un sistema radicular muy robusto, que se ancla al suelo y del que brotan hijuelos o chupones. Los grandes y retorcidos troncos son señal de edades muy elevadas. Sus raíces están adaptadas para resistir los procesos compresivos que provoca la expansión de las arcillas tras periodos de hidratación-desecación, lo que les permite crecer sobre suelos muy ricos en arcillas como los vertisoles. Además tiene tolerancia a las sales en el suelo y los sedimentos yesíferos.

Estas características hacen que el acebuchal sea la comunidad dominante sobre suelos desviantes (vertisoles y salinos-yesíferos) tan abundantes en la provincia de Málaga, además de la citada cominidad climática asociada al piso termomediterráneo seco o semihárido, y el estadio previo de degradación al encinar y al alcornocal. Entonces, ¿por qué es tan poco frecuente un bosque exclusivo de acebuches?

En buena parte de las provincias de Málaga y Cádiz son frecuentes los materiales pertenecientes a las unidades Flysch del Campo de Gibraltar o formaciones Tecto-Sedimentarias. Destacan las arcillas del Aljibe. Estos son materiales muy arcillosos, que constituyen suelos muy pesados, muy impermeables y con elevada capacidad de retención de agua, que forman las llamadas arcillas expansivas, en las que el vertisol es el tipo de suelo dominante. Los procesos de expansión de las arcillas rompen las raíces de la mayoría de especies vegetales, pero el acebuche, y la retama por poner algún ejemplo, han sabido adaptarse a estas condiciones. En el PN Los Alcornocales los acebuchales se asocian a suelos arcillosos dispuestos en solanas bajas, que en umbría son sustituidos por alcornocales o encinares. En Málaga estos bosques han sido domesticados y transformados en olivares (acebuche injertado de olivo), en campos de cereal y en cultivos de almendro.

En una buena parte de la provincia de Málaga (y la hoya de Guadix) aparecen fascies arcillosas con yesos, del triásico, que ocupan gran parte de la comarcas de Antequera y el Guadalteba. Sobre estas arcillas con yesos la comunidad reinante es el acebuchal (transformado en olivar de baja productividad o campo de cereal). Cabe destacar que sobre estas tierras se producen acumulaciones de aguas salobres, con un nivel de salinidad mucho mayor a las aguas marinas (embalses del Guadalhorce y laguna de Fuente de Piedra).

El bajo Guadalhorce (Campanillas, Churriana, Cártama, Alhaurín de la Torre) reúne suelos con elevada concentración de arcillas y una precipitación inferior a los 450mm, donde cabría encontrar un bosque de matorrales altos, coscojas, encinas dispersas y acebuches (cuanto más margoso el suelo, mayor proporción de encinas, cuanto más arcilloso más acebuches) Esta zona, sin embargo, ha sufrido de procesos degradativos severos, que han terminado por transformar en un páramo estas tierras, y en las que como consecuencia de la ausencia de vegetación causada por el hombre tienen lugar acusados procesos erosivos. Las zonas más propensas se han transformados en regadío.

Entonces, una vez analizadas estas condiciones, cabe preguntarse ¿Por qué no se han venido realizando reforestaciones con acebuche en todas estas zonas? La realidad es que terrenos que debieran estar ocupados por acebuches han sido reforestados con pinar, generalmente de carrascos, que a veces no llegan a alcanzar un porte elevado. Hay un caso de pinar “enano” muy curioso en Pizarra, donde pinos con más de 20 años no superan los 3 metros de altura, habiendo muchos ejemplares que ni siquiera alcanzan los 2 metros.

¿Qué tienen los técnicos de las administraciones en contra de las reforestaciones con matorrales altos, como el acebuche?


Espero que esta tendencia se revierta definitivamente y que sobre suelos arcillosos y en condiciones de sequedad ambiental, se favorezca la implantación de acebuches, frente a los pinares, acompañados de matorrales leñosos o retamas. En zonas en las que quiera primarse la retención de suelo, el pinar podría acompañarse de acebuches. Disponiendo de una especie tan resistente y tan bien adaptada a las condiciones reinantes en buena parte de la provincia de Málaga, no tiene sentido seguir introduciendo carrascos que no son autóctonos para la inmensa mayoría de ecosistemas malagueños. Quizás pueda explicarse porque en ocasiones es complicado hacer germinar la aceituna de acebuche o al desconocimiento sobre el acebuchal como ecosistema, pero merece la pena entre todos recapacitar en el asunto y empezar a abrir la mente hacia nuevas técnicas de reforestación.