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lunes, 9 de junio de 2014

Los Montes de Málaga, historia breve.

Los montes de Málaga están formados por un sistema de sierras bajas, que no suelen superar los 1.000 metros. El pico de La Cresta de la Reina alcanza los 1.030 m. Los Montes de Málaga supone una zona bastante mayor a lo que corresponde al parque natural del mismo nombre. A grandes rasgos, el parque natural ocupa la vertiente oriental (este) del entorno, que se continua con la Axarquía, quedando la zona occidental fuera del entorno protegido, pero que comparte la misma fisionomía, ecología, geología e incluso cultural. Esta zona oeste se corresponde con la zona serrana de municipios como Almogía, Cártama, Pizarra y Álora, además de Casabermeja, Colmenar y otros municipios de tránsito a la Axarquía (Rincón de la Victoria, Totalán, Comares, El Borge y Riogordo).

Almogía.
Geológicamente esta zona se corresponde especialmente con materiales maláguides, que son sedimentarios o con escaso grado de metamorfismo (margas, calizas, grauvacas, filitas y esquistos) a excepción de una ventana alpujárride que aparece entre Cártama y Almogía, en las inmediaciones del Cerro Santi Petri, donde afloran gneises y esquistos con alto grado de metamorfismo, ricos en granates y andalucita. Al norte, camino de Villanueva de la Concepción y Antequera contactan con materiales terciarios alóctonos (unidades tectosedimentarias del complejo flysch del campo de Gibraltar del Eoceno y Oligoceno) constituidos por materiales claros, ocres y anaranjados, margosos y arcillosos mayoritariamente, y arenosos por zonas. Al oeste el contacto se produce con estos mismos materiales (pizarra, Álora y parte de Cártama, con otros terciarios más recientes y más oscuros de naturaleza arenosa y de conglomerados (molasas bioclásticas del Mioceno) en Pizarra y Álora, y en Cártama también con otro material arenoso y margoso, muy rico en fósiles (se corresponde con un arrecife de coral fosilizado del Plioceno) de naturaleza amarillenta. Al este el contacto s eproduce con los materiales alpujárrides (esquistosos y calcáreos) que forman las altas sierras de la Axarquía (Tejeda y Almijara).

Álora y las areniscas oscuras de El Hacho.
Toda esta zona ha sufrido históricamente severos procesos de deforestación por tres motivos principales:

1.      Los astilleros de Málaga, que produjeron multitud de barcos de madera.
2.      El uso de la madera como combustible.
3.      El cultivo de secano, que aclaraba los primigenios bosques de encina y alcornoque, por dehesas, almendros y olivares. Cabe destacar en este apartado los cultivos de vid, que debido a la plaga de filoxera fueron arrasados, quedando las tierras baldías. Esto fue especialmente grave en Cártama donde ya no se recuperaron la mayoría de las viñas, quedando casi como testimonial la obtención de los caldos típicos de Los Montes.


Durante los años 50 y 60 se realizaron unas reforestaciones masivas en la provincia de Málaga, entre las que se encontraron las que querían prevenir las avenidas de lodo que arrasaban los barrios de la capital al borde del río Guadalmedina. Esto explica las grandes plantaciones de pino (carrasco principalmente) que ocupan la mayor parte del PN Montes de Málaga y por qué la zona occidental quedó fuera de estas reforestaciones (la densidad de población no hacía urgente el asunto).

Almendros, olivos y zonas boscosas.
En cuanto a la climatología, domina el clima mediterráneo semi-seco (entre 400 y 600 mm anuales) y en las zonas más altas, al norte, subhúmedo y húmedo (entre 600 y 900 mm anuales). El régimen de torrencialidad es muy acusado y la mayor parte de la precipitación se concentra en unos pocos días, especialmente entre los meses de diciembre a marzo, aunque al final del verano puede producirse el fenómeno de la gota fría, que concentra una gran cantidad de lluvia es uno o dos días (hasta un 30% de la precipitación anual). Destaca el verano muy seco (de junio a septiembre) y caluroso (más fresco cuanto más cerca de la costa, y en las zonas altas y de umbría se refresca, especialmente por las noches).
La principal manifestación cultural en esta zona son los verdiales, un canto ancestral, que se remonta al parecer a antes de la invasión romana, así como las fiestas relacionadas con las cosechas y la gastronomía relacionada con los productos típicos (almendras, higos, aceitunas) y el uso del palmito para realizar utensilios agrícolas.

Bosque de galería.
Los bosques que deberían aparecer (si no fuese por las deforestaciones y las reforestaciones de pino) deberían ser:
-Coscoja, encina, algarrobo y palmito. En zonas más bajas, secas y calurosas.
-Encinar. Suelos calizos porfundos.
-Alcornocal. Suelos ácidos (esquistos) porfundos.
-Quejigal (Q. faginea) en zonas altas, donde se superan los 800 mm anuales y en umbría (mirando al norte en las cañadas).
-Adelfar en arroyos y ramblas.
-Bosque de galería en los cursos de agua permanentes (alisedas).

-Acebuchal en los suelos más arcillosos (arcillas del complejo del Campo de Gibraltar).

lunes, 19 de mayo de 2014

Las sierras del Hacho de Pizarra y Álora.

Uno de los pasiajes más curiosos de toda la provincia de Málaga lo componen las sierras de los Hacho de Pizarra y Álora, constituidas por paredes casi verticales y laderas de pronunciadas pendientes, en las que son frecuentes los derrumbes y los grandes bloques desprendidos, que conforman un paisaje muy interesante.


El Hacho de Pizarra. Sobre las arcillas claras se realiza una reforestación de pino carrasco, que no es autóctono, pero que cumple el objetivo de retener suelo y frenar las avenidas de lodo. Más altas aparecen las areniscas oscuras, más modernas.

Estos montes, con forma de meseta, están constituidos por areniscas y conglomerados y se depositaron durante todo el mioceno (aproximadamente comenzó hace 23 millones de años y terminó hace 5 millones de años). Materiales similares, además de en los Hacho, aparecen en la Sierra Llana de Cártama, entre los municipios de Cártama y Alhaurín de la Torre, entre las barriadas de Doña Ana y La Fuensanta, además de en las inmediaciones del embalse Conde del Guadalhorce, entre los municipios de Ardales y Teba, aunque ya aquí la naturaleza de los depósitos es diferente, se torna más clara y algo más margosa, y se extienden hasta rodear la cara norte de la Serranía de Ronda (Cañete La Real) y ya en Cádiz Setenil y Alcalá del Valle, por poner ejemplos, aunque como os digo, ya aquí la naturaleza de los materiales es diferente aunque sean similares en cuanto a edad y los procesos que les dieron lugar.

Álora, rodeada en las zonas bajas de arcillas, dedicadas al cultivo de secano se sitúa al pie de su propio Hacho, también de paredes casi verticales.

En la zona del Guadalhorce (hasta Ardales) estos materiales del mioceno son de influencia maláguide y en menor medida alpujárride. Mayoritariamente estos complejos están constituidos por materiales oscuros, ricos en biotina, esquistosos, con granates, andalucita, y frecuentemente calcáreos.

Detalle de una pared casi vertical de areniscas.

Detalle de una pared vertical de Conglomerados, en los que llegan a aparecer grandes bloques (piedemonte fosilizado) Estas rocas son en su inmensa mayoría maláguides.

Aunque la historia geológica de la zona es muy compleja, puede resumirse de la siguiente manera. Cuando se origina la orogenia alpina, a finales del cretácico, hace 65 millones de años, durante el paloógeno, los materialkes maláguides y alpujárrides formaban parte de la placa de Alborán, que colisionó con la placa Ibérica, de manera que estos materiales originalmente sedimentarios, sufrieron fuertes procesos de deformación y metamorfismo, especialmente los alpujárrides, que los hicieron aflorar de las aguas marinas, constituyendo una zona de islas. En los fondos marinos profundos, durante el eoceno y oligoceno se depositan materiales turbidíticos, los conocidos como Flysch del campo de Gibraltar o unidades Tecto-Sedimentarias, que se componen de materiales arcillosos y arenosos, que forman capas que se suceden (estos son los materiales que se encuentran en amplias zonas del valle del Guadalhorce, en Coín, Pizarra, Álora, Cártama, Casarabonela…) que son de naturaleza clara, amarillenta. Estos materiales reciben los depósitos de otros más oscuros, más modernos, que los entierran. Estos materiales son los que conforman las paredes de los Hacho, las areniscas, molasas y conglomerados bioclásticos del mioceno. Posteriormente, los reajustes hidrostáticos y las presiones que siguen hoy día elevando la Sierra de las Nieves, reactivaron los relieves de los materiales maláguides y alpujárrides, y  producen la elevación de todo el complejo, que da lugar la emersión de estos materiales hasta unas alturas de más de 400 metros que ocupan hoy.





Los materiales oscuros se depositaron en un mar con clima seco, desértico o semi desértico, posiblemente parecido al actual, pero con episodios más secos.

Sin ninguna duda estos materiales tuvieron una extensión mucho mayor en el pasado, pero la erosión los ha recluido a las zonas indicadas. Además, como curiosidad, añadir que las areniscas que forman estos montículos elevados, se componen de unos granos que si se descementan (si se disgregasen), son idénticos a los que hoy día aparecen en las playas malagueñas.

El mucicipio de pizarra se sitúa sobre las arcillas del aljibe, al pie de las molasas y areniscas del mioceno.

Estas areniscas y conglomerados dan lugar a suelos muy porosos y secos, pero que con el paso del tiempo tienen buen rendimiento en arcillas y sobre ellos debería desarrollarse un bosque de encinas (abundan los materiales calcáreos y los suelos son básicos) acompañadas de coscojas, algarrobos, acebuches, palmitos, lentisco, durillo, jaras, retamas y aromáticas.
Sobre los materiales más claros que les sirven de base, las arcillas y areniscas del Aljibe, debería desarrollarse un espeso acebuchal. Sobre estos materiales pueden llegar a aparecen vertisoles, que son unos suelos aptos para los acebuches y retamas. El acebuchal actualmente se encuentra “domesticado” y adehesado en olivar.




Como última curiosidad destacar la gran abundancia de fósiles que presentan las areniscas oscuras del Hacho, especialmente ricas en pectínidos (moluscos de aspecto similar a los berberechos y conchas finas).

domingo, 6 de abril de 2014

El acebuchal, el ecosistema olvidado.

El acebuchal representa un bosque degradado, de encinar, alcornocal o quejigal, sobre zonas cálidas, o un bosque climático sobre terrenos arcillosos (vertisoles) o salobres (ricos en yesos), además, es una comunidad que puede considerarse climática es condiciones limitantes de humedad ambiental (junto con coscojas).

El bosque de acebuches es denso, apretado y rico en matorrales de otras especies, escenario ideal para la lenta recuperación del encinar y el alcornocal, que tanto agradecen crecer sombreados. El acebuche crece acompañado de numerosas especies de matorrales altos (lentisco, mirto, espino negro), de palmitos, algarrobos, encinas, alcornoques, quejigos y coscojas.

El acebuche es un árbol primordialmente termófilo, que huye de las heladas. Puede considerarse que no soporta temperaturas inferiores a 10ºC (aunque sí que soporta heladas esporádicas algo más bajas) y es muy resistente a la sequía y las escasas precipitaciones, condiciones en las que desplaza a la encina y al alcornoque. Posee un sistema radicular muy robusto, que se ancla al suelo y del que brotan hijuelos o chupones. Los grandes y retorcidos troncos son señal de edades muy elevadas. Sus raíces están adaptadas para resistir los procesos compresivos que provoca la expansión de las arcillas tras periodos de hidratación-desecación, lo que les permite crecer sobre suelos muy ricos en arcillas como los vertisoles. Además tiene tolerancia a las sales en el suelo y los sedimentos yesíferos.

Estas características hacen que el acebuchal sea la comunidad dominante sobre suelos desviantes (vertisoles y salinos-yesíferos) tan abundantes en la provincia de Málaga, además de la citada cominidad climática asociada al piso termomediterráneo seco o semihárido, y el estadio previo de degradación al encinar y al alcornocal. Entonces, ¿por qué es tan poco frecuente un bosque exclusivo de acebuches?

En buena parte de las provincias de Málaga y Cádiz son frecuentes los materiales pertenecientes a las unidades Flysch del Campo de Gibraltar o formaciones Tecto-Sedimentarias. Destacan las arcillas del Aljibe. Estos son materiales muy arcillosos, que constituyen suelos muy pesados, muy impermeables y con elevada capacidad de retención de agua, que forman las llamadas arcillas expansivas, en las que el vertisol es el tipo de suelo dominante. Los procesos de expansión de las arcillas rompen las raíces de la mayoría de especies vegetales, pero el acebuche, y la retama por poner algún ejemplo, han sabido adaptarse a estas condiciones. En el PN Los Alcornocales los acebuchales se asocian a suelos arcillosos dispuestos en solanas bajas, que en umbría son sustituidos por alcornocales o encinares. En Málaga estos bosques han sido domesticados y transformados en olivares (acebuche injertado de olivo), en campos de cereal y en cultivos de almendro.

En una buena parte de la provincia de Málaga (y la hoya de Guadix) aparecen fascies arcillosas con yesos, del triásico, que ocupan gran parte de la comarcas de Antequera y el Guadalteba. Sobre estas arcillas con yesos la comunidad reinante es el acebuchal (transformado en olivar de baja productividad o campo de cereal). Cabe destacar que sobre estas tierras se producen acumulaciones de aguas salobres, con un nivel de salinidad mucho mayor a las aguas marinas (embalses del Guadalhorce y laguna de Fuente de Piedra).

El bajo Guadalhorce (Campanillas, Churriana, Cártama, Alhaurín de la Torre) reúne suelos con elevada concentración de arcillas y una precipitación inferior a los 450mm, donde cabría encontrar un bosque de matorrales altos, coscojas, encinas dispersas y acebuches (cuanto más margoso el suelo, mayor proporción de encinas, cuanto más arcilloso más acebuches) Esta zona, sin embargo, ha sufrido de procesos degradativos severos, que han terminado por transformar en un páramo estas tierras, y en las que como consecuencia de la ausencia de vegetación causada por el hombre tienen lugar acusados procesos erosivos. Las zonas más propensas se han transformados en regadío.

Entonces, una vez analizadas estas condiciones, cabe preguntarse ¿Por qué no se han venido realizando reforestaciones con acebuche en todas estas zonas? La realidad es que terrenos que debieran estar ocupados por acebuches han sido reforestados con pinar, generalmente de carrascos, que a veces no llegan a alcanzar un porte elevado. Hay un caso de pinar “enano” muy curioso en Pizarra, donde pinos con más de 20 años no superan los 3 metros de altura, habiendo muchos ejemplares que ni siquiera alcanzan los 2 metros.

¿Qué tienen los técnicos de las administraciones en contra de las reforestaciones con matorrales altos, como el acebuche?


Espero que esta tendencia se revierta definitivamente y que sobre suelos arcillosos y en condiciones de sequedad ambiental, se favorezca la implantación de acebuches, frente a los pinares, acompañados de matorrales leñosos o retamas. En zonas en las que quiera primarse la retención de suelo, el pinar podría acompañarse de acebuches. Disponiendo de una especie tan resistente y tan bien adaptada a las condiciones reinantes en buena parte de la provincia de Málaga, no tiene sentido seguir introduciendo carrascos que no son autóctonos para la inmensa mayoría de ecosistemas malagueños. Quizás pueda explicarse porque en ocasiones es complicado hacer germinar la aceituna de acebuche o al desconocimiento sobre el acebuchal como ecosistema, pero merece la pena entre todos recapacitar en el asunto y empezar a abrir la mente hacia nuevas técnicas de reforestación.